Por: Diego Navarro Martín / La Coyotera Radio Comunitaria
Hoy, en el blog de La Coyotera, les traemos la apasionante, y a la vez triste, historia de María Anna Mozart, cariñosamente conocida como Nannerl. Ella fue la hermana mayor, la maestra, la cómplice y, quizás, una compositora tan brillante como su hermano, cuyo talento fue eclipsado por las normas de su época.
Nacida en Salzburgo en 1751, Nannerl demostró un talento excepcional para el clavicordio y el fortepiano desde los siete años. Su padre, Leopold Mozart, la instruyó personalmente y, al notar su maestría, decidió lanzarla al estrellato junto a su hermano pequeño. Juntos, recorrieron las cortes más importantes de Europa. En Versalles, deslumbraron a la realeza, y se dice que Nannerl recibía elogios igual de intensos que Wolfgang, siendo considerada una virtuosa del teclado.

La relación entre Nannerl y Wolfgang era profunda. Ella fue la primera persona en enseñarle a Amadeus sus primeros pasos musicales. Él, siendo niño, la observaba con adoración y ella fue su principal inspiración para dedicarse a la música. Cartas de la época indican que Nannerl también componía obras de gran calidad. De hecho, historiadores sugieren que la genialidad de Wolfgang pudo haber sido influenciada
e incluso colaborada por ella.
La trágica vuelta de tuerca en esta historia ocurre al llegar la juventud. En el siglo XVIII, las mujeres no tenían cabida en la esfera pública de la música profesional. Al cumplir 18 años, la edad en la que Mozart empezaba a brillar con más fuerza, la sociedad y su propio padre le exigieron a Nannerl abandonar la música para casarse y dedicarse a la vida doméstica. Mientras su hermano triunfaba por toda Europa, Nannerl fue relegada al matrimonio con un hombre mayor, encargándose de la crianza de sus hijos y los de su esposo. A diferencia de Wolfgang, cuyas obras fueron editadas y preservadas, la mayoría de las composiciones de Nannerl se perdieron.

Nannerl Mozart representa a miles de mujeres talentosas que fueron silenciadas por la historia. Aunque no tenemos sus sinfonías, sabemos por diarios y cartas que era una artista de pies a cabeza. Hoy en día, la investigación musical está rescatando su memoria, recordándonos que el genio Mozart tenía dos cabezas, no solo una.
La próxima vez que escuches una sonata de Mozart, imagina que quizás, solo quizás, esos acordes tenían el toque mágico y femenino de Nannerl.
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Escucha aquí Nocturnas, en un episodio dedicado a Nannerl Mozart



