Por Diego Navarro / La Coyotera Radio Comunitaria
Imagina una compositora brillante, capaz de fusionar la elegancia romántica europea con la fuerza espiritual de la herencia afroamericana. Imagina que, en 1933, su sinfonía es estrenada por una de las orquestas más importantes de Estados Unidos. Y ahora, imagina que, a pesar de todo esto, su nombre desaparece de los libros de historia durante décadas.
Esta no es una trama de ficción; es la increíble vida de Florence Beatrice Price (1887-1953), la primera mujer afroamericana en ser reconocida como compositora sinfónica y en tener una obra interpretada por una orquesta de gran prestigio. Nacida en Little Rock, Arkansas, Florence mostró su talento desde muy pequeña, ofreciendo su primer recital de piano a los cuatro años y publicando su primera composición a los 11. A pesar de los obstáculos raciales de la época en el sur de EE. UU., su familia, educada y acomodada, fomentó su talento.

Se matriculó en el prestigioso New England Conservatory en Boston, donde estudió piano y órgano. Se cuenta que, para evitar la discriminación racial, inicialmente se presentó como mexicana para poder estudiar sin restricciones. Tras la creciente violencia racial en el sur (Jim Crow era), Price se mudó a Chicago en 1927, integrándose en el vibrante panorama cultural del "Renacimiento Negro" de la ciudad. Fue un periodo difícil, marcado por un divorcio tras sufrir malos tratos, lo que la obligó a trabajar como organista de películas mudas y componiendo para anuncios de radio para sacar adelante a sus hijas.
Fue en este contexto de resiliencia donde creó sus mayores obras. En 1932, ganó el primer lugar en los premios Wanamaker Foundation con su Sinfonía en Mi menor. Esta obra marcó historia el 15 de junio de 1933, cuando la Chicago Symphony Orchestra la estrenó bajo la dirección de Frederick Stock.
Su música era única:
Fusión idiomática: Combinaba la estructura sinfónica europea (influenciada por Dvořák) con spirituals afroamericanos, ritmos sincopados y cantos de iglesia.
El Juba Dance: En sus sinfonías, a menudo reemplazaba el tradicional scherzo europeo por un Juba Dance, un baile de raíces africanas y antebellum, lleno de energía.

Florence Price escribió más de 300 obras, incluyendo cuatro sinfonías, tres conciertos para piano y violín, música de cámara y piezas vocales, muchas veces interpretadas por la famosa contralto Marian Anderson. Sin embargo, tras su muerte en 1953, su obra cayó en el olvido. No fue hasta 2009 que el descubrimiento fortuito de una gran cantidad de sus manuscritos en una casa de verano abandonada en Illinois provocó un redescubrimiento mundial.
Escuchar a Price no es solo redescubrir a una gran compositora olvidada por el racismo y la misoginia, sino disfrutar de música profundamente emotiva, estructurada y auténticamente americana. Hoy, sus grabaciones (como las de la Filarmónica de Filadelfia bajo la batuta de Yannick
Nézet-Séguin) y sus partituras están siendo aclamadas, demostrando que su lugar es, sin duda, el repertorio clásico de todos los tiempos.
Escucha el programa de Nocturnas dedicado a Florence Price aquí.



