Si las ciencias sociales mueren, muere la humanidad

El pasado 10 de agosto de 2026 se publicó el dictamen de admisión para las licenciaturas de la Universidad de Guadalajara (UdeG). Los resultados provocaron una alerta en carreras como Sociología, Filosofía, Letras e Historia: entre 32 y 50 lugares quedaron vacantes debido a la falta de demanda.

La situación contrasta con lo que ocurría alrededor de 2010, cuando estas mismas licenciaturas registraban entre 70 y 91 aspirantes por periodo y admitían entre 16 y 36 estudiantes. Hoy, profesores y alumnos observan con preocupación una caída constante en el interés de las nuevas generaciones por estudiar ciencias sociales y humanidades.

Anya Serna, profesora de historia del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades de la Universidad de Guadalajara, considera que el fenómeno tiene raíces que se remontan a la década de los noventa, cuando comenzó a consolidarse una visión que   desvalorizaba estas profesiones.

“Yo considero que a partir de la década de los 90 es cuando se comienza a ver una decadencia en los ingresos a las carreras de Sociología, Letras e Historia, ya que se genera una estigmatización de las personas que habitan estos espacios, etiquetadas como ‘personas sin futuro’”.

Para Serna, estos discursos han influido en las decisiones de los jóvenes al momento de elegir una carrera profesional.

Pero el problema, señala, no se limita a los prejuicios sociales. También existen factores institucionales, como el abandono de los planes de estudio y la falta de atención a las necesidades de quienes cursan estas licenciaturas.

“No sólo es eso, porque la institución se encargó de abandonar los planes de estudio y muestra desinterés en las necesidades de los estudiantes y pocas oportunidades de titulación”.

La disminución de estudiantes en las humanidades y las ciencias sociales no es un asunto menor. Para Anya Serna, estas disciplinas cumplen una función fundamental en la formación de una sociedad capaz de comprenderse a sí misma.

“A nivel sociedad, yo creo que es muy importante esta rama, porque al final de cuentas, desde nivel básico, llevamos materias como Formación Cívica y Ética, Historia y Ciencias Naturales, e incluso el razonamiento básico. Entonces, no contar con estas ciencias sociales puede generar un retroceso humano, ético y social en cómo nos relacionamos”.

Para quienes egresan de estas carreras, el panorama laboral también representa un desafío. Mario Sepúlveda, egresado de la Licenciatura en Historia, reconoce que encontrar empleo relacionado con su formación no ha sido sencillo, aunque considera que sus estudios le dieron herramientas para comprender la realidad laboral que enfrenta.

“Yo me he sentido afortunado por todo lo que he estado pasando y me siento conforme, a pesar de que sí he tenido dificultades para encontrar empleo. Creo que la carrera me brindó las herramientas para tratar de entender esta crisis laboral y que no es mi culpa por no ser productivo bajo el capital”.

Sepúlveda también cuestiona la manera en que se promueven estas licenciaturas y señala que, después de la pandemia, la reducción de la demanda coincidió con un aumento en los lugares disponibles.

“Algo que he analizado es que después de la pospandemia se redujo la demanda y crecieron los cupos. Mientras a otros centros universitarios se les da prioridad para mostrar de qué tratan las carreras, en el CUCSH no. Hay un pensamiento rígido, porque no demuestran apoyo, ya sea haciendo eventos o mostrando lo que se aprende en la carrera”.

Sin embargo, Sepúlveda sostiene que estudiar Historia y otras disciplinas humanísticas puede abrir caminos profesionales diversos y ofrecer una perspectiva distinta para comprender el mundo.

“Creo que es una de las carreras que más satisfacción te da. Y yo creo que en nuestras carreras se ha diversificado y de verdad que haymuchas formas de dedicarse a esto, porque sí hay muchas oportunidades laborales en las humanidades. Yo quiero invitar y animar a la gente, porque aprendes mucho de cómo funciona el mundo”.

La crisis de aspirantes, las aulas vacías no sólo representan un problema para las universidades. También pueden ser una señal de alarma sobre el lugar que ocupan el pensamiento crítico, la memoria y la reflexión social en nuestro presente.

A pesar del panorama, quienes deciden ingresar a estas carreras mantienen la esperanza. En una sociedad que se construye a través de la experiencia colectiva, los estudiantes coinciden en algo: permitir que las aulas se vacíen es, en el fondo, dejar morir una parte esencial de la humanidad.

Yohan Rodríguez Saldaña

Fotografías por Anya Serna y Mario Sepúlveda.