HABITAR LAS CONTRADICCIONES: UNA ENTREVISTA CON ELAINE VILAR MADRUGA

Entrevista por VIANEY PLASCENCIA Y OLGA RODRÍGUEZ | Redacción OLGA RODRÍGUEZ

En un momento donde el mundo experimenta un retorno a la derecha y los discursos de corte fascista vuelven a ganar terreno, “El cielo de la selva” de Elaine Vilar Madruga aparece como mano fértil y extendida. La lectura nos confronta una y otra vez, nos obliga a mirar sin prejuicios el amor, el placer, el cuerpo y las emociones. Nos ofrece un páramo donde la contradicción no es un defecto sino la forma más honesta de estar vivas. Y quizá por eso su escritura se vuelve refugio. 

En la conversación que sostuvimos con la autora durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Elaine generosa nos da una clave luminosa y valiosísima: la contradicción es un lugar que vale la pena habitar. Lo dice cuando habla de cómo la literatura es resistencia y grito, cuando recuerda las protestas en Cuba; cuando menciona que estamos presenciando el cierre de una era. Lo dice entendiendo que los finales solo son eso, finales.

“Yo creo que terminó una era que estuvo marcada por eventos buenos y negativos, como todas las épocas. Es una era donde se soñaron utopías y donde de repente descubrimos que algunas utopías no fueron posibles, pero eso también abre la puerta al comienzo de un nuevo mundo y es un mundo nuevo, una época nueva donde tendremos que redefinirnos” 

Hablar con Elaine es comprender que la literatura no tiene por qué obedecer la polarización que tanto insiste la época. No tiene por qué encajar en categorías reduccionistas y simplistas. Y quizá esa sea su rebeldía más profunda: escribir sin dejarse domesticar. En tiempos donde la censura se cuela por las grietas más pequeñas, cuando los gobiernos y las sociedades quieren respuestas rápidas y posturas irreductibles, su obra insiste en lo contrario. En lo plural, en lo complejo, en lo que se resiste a ser de una sola manera.

“La literatura no puede ser hedonismo y pasarla bien solamente. Nos podemos pasarla bien, podemos disfrutar, pero la literatura tiene que tener un compromiso con la realidad, tiene que tener un compromiso político con el mundo que estamos viviendo.”

El movimiento feminista tampoco escapa a esta idea. En la charla surge la fragmentación, las tensiones, las discusiones que a veces parecen fractura y a veces marea. Hay quien teme que las contradicciones nos debiliten, que el desacuerdo nos haga perder fuerza mientras la derecha avanza con paso firme. Pero desde la mirada de Elaine, la contradicción no es un síntoma de ruptura: es la evidencia de que el feminismo sigue vivo, sigue pensando, sigue transformándose. 

Hoy, cuando los discursos autoritarios vuelven a exigir homogeneidad, obediencia y certezas monolíticas, la contradicción se vuelve un acto de resistencia. La derecha quiere cuerpos dóciles, pensamientos ordenados, emociones contenidas. Frente a eso, habitar la duda, el deseo, el conflicto, es casi una herejía. Pero es también una forma de mantenerse despiertas.

Y quizá el punto más íntimo de lo que Elaine comparte sea éste: la contradicción de ser mujer. Ese lugar donde se espera que seamos fuertes pero delicadas, completas pero siempre disponibles para las/os demás. Su obra, pone sobre la mesa un conjuro para romper con ese mandato maldito: la contradicción. Abrazar la rabia y el amor, que podemos desear y temer, que podemos equivocarnos, cambiar de opinión, dudar, volver a empezar. Que esas contradicciones no nos restan, sino que nos vuelven más reales, más enteras, más nuestras. 

“Es un libro sobre la memoria del cuerpo”, señala. “Parto de la memoria del cuerpo de mis ancestras… no la memoria edulcorada, sino el sufrimiento, los dolores y los placeres de esos cuerpos”.

Y ahí vuelve a aparecer esa grieta fértil: la memoria como herida, pero también como una manera de sostenerse. Memoria contradictoria, que no embellece ni simplifica, que no busca heroínas sino personas reales con deseos reales, con decisiones difíciles, con vidas que no caben en una sola narrativa.

Tal vez por eso El cielo de la selva resuena tanto: porque nos permite mirar(nos) distinto. Nos recuerda que ser contradictorias puede ser, en sí mismo libertad. Que en un mundo que insiste en simplificarnos, lo verdaderamente radical es asumirse compleja, múltiple, indisciplinada, viva.

Y que, al final, esa puede ser la forma más íntima y profunda de resistencia. 

Escucha la entrevista aquí. https://open.spotify.com/episode/0vGpuGFk8hZPGL464qLJ65?si=34fdb997c2354625